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Comenzaremos diciendo que la historia de las comidas es tan vieja como la existencia de los seres humanos, pero nuestro punto de partida será el siglo XVI, ya que casi todos los objetos de mesa de cerámica y de plata que han sobrevivido son de dicho siglo en adelante. La idea de comer de comer juntos en el gran salón de una casa o castillo – que ya existía antes- continuó en el siglo XVI, pero la familia prefería comer en un entorno más pequeño y doméstico, y se reunía en el salón sólo en ocasiones especiales. La mayoría de la gente desayunaba muy pronto, entre las 6 y las 7 de la mañana, con una cena temprana servida alrededor de las 2 de la tarde.
Hasta finales del siglo XVIII los cocineros dependían de los alimentos de producción local para sus menús; como la carne no se conservaba fresca muchos días, normalmente se salaba para poder guardarla más tiempo. Los viajes y expediciones trajeron nuevos alimentos a Europa y de la relación entre países de varios continentes derivaron nuevas delicadezas gastronómicas, como diversas clases de judías verdes, fríjoles, judías pintas, patatas y boniatos.
Entre los objetos de la mesa estaba el trinchador de madera, en el que se servía o se cortaba la comida, con un pequeño espacio para la sal. Para los ricos, lo normal era que dicho recipiente fuera grande y de plata. Por entonces la sal era un producto realmente valioso y sólo se ponía un salero en la mesa. Como elemento para conservar la carne, la sal era una parte del comercio importantísima. Para comer y beber se usaban servicios de mesa de peltre y de plata.

Vajilla de peltre ( aleación de estaño) servicio encargado por Sir Robert Walpole, primer ministro británico, en 1725
También se empleaban vasijas de barro para beber y se introduce el cristal. Aunque hoy día la palabra “banquete” (también ya inusual) significa una comida suntuosa y un tanto formal, en algunos países europeos describía una elaborada serie de postres, que normalmente se servia en otra habitación, en la terraza o jardín, desplegándose una esplendida variedad de platos colocados simétricamente por toda la mesa.
El siglo XVII. Se sigue usando el peltre ( 85-99% de estaño), pero como es más blando que la plata, los cuchillos rayaban facilmente las bandejas, por lo que había que tener mucho cuidado. Por entonces estaban prosperando el uso de cerámicas y el uso cada vez mayor de lozas finas contribuyó a aliviar este problema.
También se empleaban menos saleros grandes, sustituidos por cuencos de sal individual.
La gama de alimentos siguió ampliándose con nuevos desubrimientos traídos de Extremo Oriente y y de las colonias de Ámerica. Seguramente lo más importante fue el papel del té y el café en la vida social dando lugar a una nueva serie de vasijas.
En la segunda mitad del siglo el tenedor se consolidó como cubierto.
Hasta entonces los únicos que se habían utilizado eran la cuchara y el cuchillo: este tenía una hoja puntiaguda para pinchar la comida y llevársela a la boca. Al hacerse cargo de ello el tenedor la hoja de cuchillo se hizo más ancha.
A finales del siglo XVII el mayor comercio con China hizo que se importaran enormes cantidades de servicios de mesa y de téde porcelana para atender la demanda occidental.
La porcelana de importación se hizo muy popular porque duraba mucho más que los srvicios de mesa de fabricación local y soportaba mejor la temperatura de las bebidas calientes.
El siglo XVIII
El comercio chino de exportación floreció hasta bien entrado el siglo XVIII, a pesar de que las factorias occidentales ya estaban fabricando porcelanas duras y blandas.
La plata seguía predominando en las mesas y se fabricaban objetos que iban desde bandejas hasta soperas y centros de mesa decorados. En el siglo XVIII la comida se servía de una forma llamada table à la française : para cada plato se ponían en el centro de la mesa las soperas o bandejas necesarias para que los comensales pudieran servirse ellos mismos o a los otros comensales.
Esto se hacía para cada uno de los platos principales, que a su vez constaban de numerosos platos, antes de que se introdujeran los postres, con una mezcla de platos dulces y salados, que incluían carne y pescado.
En este, nuestro mundo afortunado, es normal tener alguna que otra cosa de oro o de plata, producto de regalos desde que éramos pequeños. La familia sobre todos las abuelas nos obsequiaban con alguna que otra joyita… para la comunión …los quince años… Navidad… cumpleaños ¡en fin ! algo tenemos en nuestras cajitas. Hay que cuidar estos recuerdos. Cadenitas, pulseras, anillos ….. aunque como sabéis el valor material es el menos importante en estos casos.
Antaño, la joyería no se fabricaba casi nunca con oro puro, puesto que el oro es un material blando, los joyeros añadían otros metales para conseguir aleaciones duras.. Gran parte de la joyería antigua se hacía también con plata sólida y chapada, aunque el grado de pureza son señaladas de distintas maneras. La plata es más dura, y, por tanto, más resistente que el oro, con frecuencia se utiliza como base en la joyería de oro chapado.
Limpieza del oro y plata
A diferencia de otros metales , el oro no se deslustra. Se limpia sacándole brillo con una tela suave. Para quitar la grasa acumulada en los engastes o los cierres de las cadenas (os recomiendo que no luzcais vuestras pertenencias en playas las cremas solares ponen todo perdido…..pero son necesarias), se sumerge la pieza durante unos minutos en cualquier líquido comercial de joyería (de venta en las mismas ). Si el artículo lleva piedras incrustadas no deben usarse líquidos limpiadores ya que las pueden dañar.
Para quitar manchas díficiles utilice un cepillo suave, pero con cuidado para no estropear el oro. Pula la pieza en seco con una tela limpia o lave el oro en agua caliente jabonosa y use un cepillito para maquillaje de ojos nuevo o un cepillo de dientes muy pequeño para quitar la suciedad. El oro chapado se quita con facilidad, seque por lo tanto con cuidado las piezas chapadas. La plata se deslustra con la acción del aire, pero puede limpiarse igualmente sumergiéndola en un líquido de joyería o puliendola con cuidado.
Medallas y monedas
Para limpiar monedas y medallas utilizar unicamente una tela suave o un trozo de lana de algodón. Nunca emplear barnices o abrasivos, es mejor conservar los estuches o carteras de plástico para evitar que pierdan el brillo, intente cogerla solo por los bordes y tenga en cuenta que si una moneda se destina a pieza de joyería su valor disminuye.
Guardar las joyas
Algunas piedras son muy duras y pueden dañar los metales y a las piedras más blandas si estan sueltas en el interior del joyero. Otras piedras son extremadamente frágiles y pueden desportillarse. Las piezas deben guardarse por tanto en pequeñas cajas o compartimentos individuales o bién envueltas por separado en tejidos suaves de lana o algodón.
Un buen modo de guardar las cadenas para que no se enreden, es enrollarlas por separado en una lámina de papel de seda suave.
En la segunda mitad del siglo XIX y en las dos primeras del XX se hicieron miles de cajitas para fósforos en Gran Bretaña y en Estados Unidos, estos estuches tenían una tapa de resorte y una superficie áspera que se utilizaba como raspador; es prácticamente imposible hoy encontrar uno de ellos, pues es un objeto muy preciado por coleccionistas y no suelen aparecen en los mercados de antigüedades públicos. Son piezas extraordinarias , no sólo por el placer que ocasiona el verlas sino porque representan un documento incomparable del panorama social y gustos de la época; se trabajaron en nácar, corcho, oro, plata etc.
Los artesanos y artistas del momento, tampoco pudieron sustraerse al encanto de ese pequeño objeto, colaborando con sus diseños y sus firmas. Carol B. Brener y Stephen H. Brener, que compartían el interés muy neoyorquino por todo lo sorprendente e insólito, se dedicaron durante muchos años a reunir una de las colecciones de envases de fósforos más variadas y lujosas que son conocidas. Hoy día se encuentran en el Cooper-Hewitt Museum de Nueva York.
Hace algún tiempo cayó en mis manos un suplemento de una revista de antigüedades que guardé porque aparecía en ella, entre otras muchas colecciones, una que en su momento me pareció curiosa. Se trataba de una colección de cajas de hojalata. Estos días recordé con especial cariño esos envases, que ha supuesto para mí el volver a una infancia en la casa de mis padres donde alguna cajita de lata llegué a encontrar.
No conservo ninguna, pero ahora, pensando un poco, sí me gustaría volver a verlas cuando busco algo entre los muchos cajones que hay en mi casa. El dueño de la colección que mencionaban en dicha revista se llamaba Andrés Diego y reunía en ese momento más de 200 piezas de distinto tamaño y fabricadas para muy diferentes usos, pero todas llevan el dibujo de uno de los personajes más famosos que ha tenido la factoría Disney de todos los tiempos, el conocidísimo y querido en todos los lugares y por todos los niños del mundo… el ratón… ” Mickey”.
Señalaba Andrés en la entrevista que le hicieron, que su colección es de cajas fabricadas antes de los años 40. Como curiosidad señala la editorial que en los Estados Unidos no se hicieron cajas de hojalata antes de esos años porque se realizaban de cartón. La industria de ese material estaba más desarrollada en Europa.
Seguiré citando colecciones que considero preciosas, y también algún comentario, al menos curioso, sobre sus dueños y las épocas en las que esos objetos se utilizaron.
Una gran parte de personas (entre las cuales me incluyo) desarrollan a lo largo de su vida el coleccionismo. No como medio de trabajo, sino por hobby. Acumulamos objetos de lo más diverso, la mayor parte de las veces la colección que se inicia surge de un modo casual, nos encontramos con dos o tres piezas que corresponden a la misma categoría de objetos y oímos una vocecita que nos anima a conseguir más; durante unas vacaciones recogemos por la playa unas conchas… nos encontramos en la maleta cajas de fósforos de los distintos hoteles visitados… hacemos una visita a un mercadillo de un pueblo y vemos todo tipo de cosas antiguas, monedas, candiles, revistas , platitos, copitas ..etc.. etc etc,… Y como nos fijemos en cosas que nos han recordado algo de lo que ya tenemos …que pensamos que podemos completar,…. que tenía nuestra abuela… ¡en fin! de repente en una de esas…¡ya estamos enganchados!
Coleccionar parece fácil, pero no es así. Hay que elegir que tipo de objetos van a integrar una colección y tener en cuenta dos aspectos para mí fundamentales: no todo vale y hay cosas que nunca podremos conseguir. Después tenemos que tener en cuenta nuestros gustos y hacer una colección a nuestra medida, si no corremos el riesgo de convertirnos en personas neuróticas con pérdida a menudo del control y con una ansiedad permanente.
Buscar en este mundo de las colecciones la nuestra propia puede ser muy gratificante, muy entretenido, divertido y nada caro, siempre siguiendo esta norma básica: buscar, encontrar y elegir; no podemos tener todo de algo, hay que decidirse y seguir buscando lo que de verdad nos interesa y no meternos en las colecciones de los demás porque dispersamos nuestra atención y esto es un riesgo que no podemos correr, porque mientras tanto corremos el riesgo de que desaparezca la pieza que nos gustaba de verdad. Por suerte todo, o casi todo, es coleccionable y la historia de la humanidad nos da muchas oportunidades.
Distintas épocas, distinta moda, distintos materiales, diferentes formatos, variedad de diseños de diseñadores, de fábricas, de talleres, de países, de continentes, de mares .. etc…. etc, y dentro de todo esto, a su vez, todo tipo de objetos que nos podamos imaginar. Todo lo relacionado con el mundo del cine, o de la fotografía, cajas, monedas, alfileres de corbata, de sombreros, de chaquetas…, collares, botellas, cerámicas, piedras, cristal, metal… la lista es interminable porque a su vez, pueden ser de un tamaño determinado o de un material (sólo de porcelana, o sólo de plata, o sólo de un color) !en fin! lo que os decía, infinitas posibilidades.
Voy a citaros algunos personajes de la historia que sentían verdadera pasión por coleccionar: Plácido de Sangro , Duque de Martina, uno de los más exquisitos coleccionistas del sigloXIX. En estas colecciones dedicadas a objetos de lujo y placer , a la galantería, nos encontramos con tabaqueras, relojes de bolsillo, cajas, frascos,etc, procedentes de manufacturas europeas de los siglos XVIII yXIX pertenecen en la actualidad al Estado.
Antaño las colecciones eran privativas de los reyes y de la nobleza pero a partir del XVIII la burguesía accedió con entusiasmo a este regio hobby, comenzando con entusiasmo muchas de las colecciones que han llegado hasta nuestros días.
Mary Delany fue una de las más célebres cultivadoras de la artesanía de los “Valentines” de conchas (siglo XVIII). El origen de este arte parece ser que está en los marineros…, de esta historia hablaremos otro día.
Mary era amiga de la Duquesa de Portland, ávida coleccionista de conchas, y junto con otra de sus íntimas amigas ayudaron a la duquesa en la decoración de una gruta realizada de conchas, traídas de las costas de diferentes lugares del mundo.
Pablo Neruda fue también un apasionado de coleccionar.
Tenía sus casas llenas de recuerdos que siempre atesoraba y aumentaba siempre que podía, jarrones, cajas botellas, monedas; su obsesión era el mar y lo reflejó en algunas de sus colecciones
: mascarones de proa, partes de barcos encontrados, los faroles que los iluminaban etc, pero tiene una clara preferencia, que señala en una de sus obras “…En realidad, lo mejor que coleccioné en mi vida fueron mis caracoles…”
He estado leyendo últimamente sobre Egipto, por el tema político (obviamente), y por la joyería antigua del Imperio Medio y Bajo y he encontrado cosas muy interesantes.
¿Sabíais que en el antiguo Egipto la plata era más valorada que el oro? Motivo: había que importarla y por ello alcanzaba un precio superior al oro, que era muy abundante.
La mayoría del oro utilizado se encontraba en territorio nacional. Los principales yacimientos estaban situados en los desiertos montañosos del sur y sudeste de Egipto, en el Uadi Hammamat y en Nubia. La plata fue mucho más preciada hasta el Reino Medio, época en que comienzan a llegar las primeras importaciones de Asia. Toda la plata encontrada del Imperio Antiguo y Imperio Medio tiene una alta proporción de oro en su composición variando desde a un 3,8 a un 9 por ciento.
Egipto carecía de moneda, se pagaba con sacos de grano o de cobre y en la vida cotidiana se utilizaba el trueque valorado en unidades estándar como forma de pago:
- Khar: 65 kg. de grano
- Deben: 90 gr. de cobre
- Shat: 7 gr. de oro
- Seniu: 9 gr. de plata
El salario de un artesano era de 5’5 sacos (un saco equivalía a 65 kg) de grano al mes, más o menos 11 deben, y si un litro de aceite o un cuchillo costaban uno ó dos deben, sillas o camas llegaban a los 20, y un sarcófago podía oscilar entre 25 y 200, por lo que hacían encargos particulares fuera de horas.
La estricta maquinaria estatal, que intervenía en todos los asuntos, y el almacenamiento de excedentes impidió que se aplicaran las leyes de la oferta y la demanda, evitando diferencias de precios y consiguiendo 30 siglos sin inflación.
¿Os imagináis la economía actual regida por estas políticas económicas? Me ha dado mucho que pensar. Visto lo visto igual los sistemas de trueques no están tan mal…





















