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Una gran parte de personas (entre las cuales me incluyo) desarrollan a lo largo de su vida el coleccionismo. No como medio de trabajo, sino por hobby. Acumulamos objetos de lo más diverso, la mayor parte de las veces la colección que se inicia surge de un modo casual, nos encontramos con dos o tres piezas que corresponden a la misma categoría de objetos y oímos una vocecita que nos anima a conseguir más; durante unas vacaciones recogemos por la playa unas conchas… nos encontramos en la maleta cajas de fósforos de los distintos hoteles visitados… hacemos una visita a un mercadillo de un pueblo y vemos todo tipo de cosas antiguas, monedas, candiles, revistas , platitos, copitas ..etc.. etc etc,… Y como nos fijemos en cosas que nos han recordado algo de lo que ya tenemos …que pensamos que podemos completar,…. que tenía nuestra abuela… ¡en fin! de repente en una de esas…¡ya estamos enganchados!
Coleccionar parece fácil, pero no es así. Hay que elegir que tipo de objetos van a integrar una colección y tener en cuenta dos aspectos para mí fundamentales: no todo vale y hay cosas que nunca podremos conseguir. Después tenemos que tener en cuenta nuestros gustos y hacer una colección a nuestra medida, si no corremos el riesgo de convertirnos en personas neuróticas con pérdida a menudo del control y con una ansiedad permanente.
Buscar en este mundo de las colecciones la nuestra propia puede ser muy gratificante, muy entretenido, divertido y nada caro, siempre siguiendo esta norma básica: buscar, encontrar y elegir; no podemos tener todo de algo, hay que decidirse y seguir buscando lo que de verdad nos interesa y no meternos en las colecciones de los demás porque dispersamos nuestra atención y esto es un riesgo que no podemos correr, porque mientras tanto corremos el riesgo de que desaparezca la pieza que nos gustaba de verdad. Por suerte todo, o casi todo, es coleccionable y la historia de la humanidad nos da muchas oportunidades.
Distintas épocas, distinta moda, distintos materiales, diferentes formatos, variedad de diseños de diseñadores, de fábricas, de talleres, de países, de continentes, de mares .. etc…. etc, y dentro de todo esto, a su vez, todo tipo de objetos que nos podamos imaginar. Todo lo relacionado con el mundo del cine, o de la fotografía, cajas, monedas, alfileres de corbata, de sombreros, de chaquetas…, collares, botellas, cerámicas, piedras, cristal, metal… la lista es interminable porque a su vez, pueden ser de un tamaño determinado o de un material (sólo de porcelana, o sólo de plata, o sólo de un color) !en fin! lo que os decía, infinitas posibilidades.
Voy a citaros algunos personajes de la historia que sentían verdadera pasión por coleccionar: Plácido de Sangro , Duque de Martina, uno de los más exquisitos coleccionistas del sigloXIX. En estas colecciones dedicadas a objetos de lujo y placer , a la galantería, nos encontramos con tabaqueras, relojes de bolsillo, cajas, frascos,etc, procedentes de manufacturas europeas de los siglos XVIII yXIX pertenecen en la actualidad al Estado.
Antaño las colecciones eran privativas de los reyes y de la nobleza pero a partir del XVIII la burguesía accedió con entusiasmo a este regio hobby, comenzando con entusiasmo muchas de las colecciones que han llegado hasta nuestros días.
Mary Delany fue una de las más célebres cultivadoras de la artesanía de los “Valentines” de conchas (siglo XVIII). El origen de este arte parece ser que está en los marineros…, de esta historia hablaremos otro día.
Mary era amiga de la Duquesa de Portland, ávida coleccionista de conchas, y junto con otra de sus íntimas amigas ayudaron a la duquesa en la decoración de una gruta realizada de conchas, traídas de las costas de diferentes lugares del mundo.
Pablo Neruda fue también un apasionado de coleccionar.
Tenía sus casas llenas de recuerdos que siempre atesoraba y aumentaba siempre que podía, jarrones, cajas botellas, monedas; su obsesión era el mar y lo reflejó en algunas de sus colecciones
: mascarones de proa, partes de barcos encontrados, los faroles que los iluminaban etc, pero tiene una clara preferencia, que señala en una de sus obras “…En realidad, lo mejor que coleccioné en mi vida fueron mis caracoles…”











