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“Vieja- murmuró -. Llena de dolor. Mucho sufrimiento. “Y añadió después, en un tono de voz más práctico: “Estas muñecas de palo fueron muy populares en el siglo pasado. Yo tengo una parecida y es de 1850. Hoy día son raras pero en su época fue un juguetito barato.”¿ No la encuentra usted siniestra?” dijo Alan. ” No, sólo triste. No es una muñeca de brujería . De esas, se conservan muy pocas porque se hacían de cera, lo propio para hincarles alfileres.” Así que es una vulgar muñeca de madera” dijo Alan.
Ninguna muñeca es vulgar – le corrigió ella -. Todas tienen su personalidad. Lo que yo no acabo de saber, es si cada una tiene su caracter propio, o si es que ha absorbido el caracter de una persona que la quiso. ¿” Dónde ha encontrado usted a esta niña?”. ” En los escombros de Claver Hall. En tiempos fue un orfanato”.”Y en tiempos esta fue una muñequita alegre y bonita, con sus colores pintados y alguien que la quería.” Mi hija la quiere , ese es el problema.”
“No diga tonterías- dijo la señorita Letherington-. Si su hija quiere a esa muñeca, eso demuestra que es una niña sensible. Ya bastantes niñas hay ahora que sólo quieren muñecas con peluca rubia y biquini y gesto coqueto.”
“Alma , mi hija, vine mostrando un comportamiento raro desde que la tiene.”
” Quizá nota su sufrimiento; o el sufrimiento de la persona que la tuvo antaño.”
¿ Pero que sufrimiento? ¿ No me puede usted ayudar?.
La señorita Letheringtonmeneó la cabeza. “Cuando hay dolor en una muñeca, yo lo noto- dijo- Pero la causa del dolor se me escapa. Las muñecas son mis hijos y nadie sabe nunca que pasa en la mente de sus hijos. La mente es un recinto cerrado. ” Su voz divagó; paseó la mirada por sus nenas. “Yo sé cuál está contenta y cuál está triste , y cuál es insensible, pero nunca sé por qué- añadió- . Como cualquier madre.”
Alan tiritaba. Con la parte fria y racional de su mentepensó que todo aquello era una sarta de necedades; sí, pero…
” ¿ Qué hago?” dijo.
“Intente averiguar porqué la pobrecita fue tan desgraciada – dijo la señorita Letherington muy bruscamente-.
Entérese de cómo era ese orfanato de Claver Hall. Y si puede convencer a su hija para que se desprenda de esta nenita que tanto ha sufrido, yo la tendría con mucho gusto en mi colección.”
Alan volvió a echarse al bolsillo a Rosalind y se marchó. Fue a la biblioteca pública, que le pareció un sitio maravillosamente sano y normal, en comparación con la claustrofóbica habitación única de la señorita Letherington, infestada de muñecas. Dió con un libro sobre los orfanatos de siglo XIX. ” Claver Hall ” estaba en el índice. Y al leer las páginas correspondientes, se preguntó porqué no habría tenido el buén sentido de hacerlo antes; antes incluso de aquel trabajo de derribo en el que él había organizado la destrucción del edificio.
Leyó: ” Claver Hall era como otros orfanatos de la época: frio, incómodo, mal provisto de fondos. El bienestar de los niños dependía del caracter personal de los responsables , que muchas veces no eran personas idoneas, como sabemos por Charles Dickens. Claver Hall, sin embargo, marchó bien, con la única salvedad de un episodio desagradable entre 1857 y 1860. En eses tiempo llevó la dirección una viuda llamada Grace Webb, que hacía pasar hambre a los niños para llenar su bolsillo. Los tenía aterrorizados, los castigaba “por comer demasiado” , y se dice que uno de sus castigos era quitarles los muñecos a los niños si eran “malos” o “comían demasiado”. En el trienio de la señora Webb fueron tantos los niños que se escaparon o murieron, que hasta las negligentes autoridades locles empezaron a sospechar y abrieron una investigación. El resultado fue que la señora Webb fue a parar a la carcel donde falleció cinco años después. Según los documentos murió loca, creyéndose atormentada por los niños muertos”.
Alan volvió a casa , la muñeca le pesaba en el bolsillo. “¿Traes a Rosalind?- fue lo primero que le preguntó Joan- Alma lleva todo el día buscándola como alma en pena.”
“¿ Papaito te la has llevado tú”?.”¿ Si me he llevado a quién”?
” A Rosalind, a quién va a ser.”
”¿Por qué me la iba a llevar?”.
“Ha desaparecido, no la encuentro”.
“Alo mejor quería marcharse.” Y sintió la dureza de la muñeca en el bolsillo.
“No me importaría no comer nunca más , con tal de que volviera” dijo Alma, y se fue a continuar su búsqueda. Alan contó a Joan lo que había dicho la señorita Letherinton, y lo que había leído en la biblioteca. Y se sacó del bolsillo la muñeca de palo. “Hay que deshacerse de ella- dijo Joan- , quitándosela de las manos- . No es nada- dijo-. Un pedazo de madera. Nada. Cuando la ví por primera vez ni siquiera me dí cuenta de que fuera una muñeca, ¿te acuerdas?”
Le pasó la mano por la tosca cabeza y los hombros, y un dolor agudo le atravesó los dedos. En la chimenea ardía un fuego vivo. Por librarse del dolor que sentía en las manos y por todo lo demás, Joan arrojó la muñeca de palo al fuego. Una voz espectral chilló : “¡ Eres cruel! ¡Te odio! ¡Eres cruel! ¡eres cruel!”. Y en alguna parte de la casa Alma dió un grito. Alan y Joan no sabrían nunca sí fue Alma la que dijo aquello antes de gritar, o si fue la voz de otra niña.
Gritando aún Alma entró a la carrera. Se arrodilló delante de las llamas vivas, y clamó “¡Rosalind!”.
Y aunque el fuego ardía tan vivo,tan vivo, en la habitación hacía un frío de muerte.
Este relato de Rosmary Timperley trata sobre una pobre, sumisa, tosca y desnuda muñequita de palo, compañera de otras huerfanitas, y que nos sirve de contrapunto al cínico lujo de sus frívolas hermanas.
Todo empezó de la manera más normal. Alan volvió del trabajo como siempre. Acababa de terminar un derribo para los contratistas que se los encomendaban.
” Mira lo que he encontrado hoy en el solar” dijo a su esposa. Ella miró lo que él traía en la mano. “¿Qué es ?” preguntó. ” Una muñeca muy vieja.”
A duras penas se reconocía una muñeca en aquello. Había una cabeza tosca y unos hombros, un cuerpo que se adelgazaba hasta la nada, y ni rastro de facciones o pintura.
“Tiene que tener por lo menos cien años-dijo Alan-. Claver Hall, el edificio que acabamos de tirar fue un orfanato en el siglo pasado. A lo mejor esto perteneció a una de las niñas.”
“Qué curioso.- Joan tomó en sus manos la muñequita rudimentaria y la examinó- ¿Tendrá algún valor ?”. “No creo. Se me ocurrió que podía gustarle a Alma.”
Joan se echó a reír, porque su hija Alma que tenía siete años, no sentía la menor atracción por las muñecas. Amigos y familiares bienintencionados le habían regalado muñecas bonitas en diversas ocasiones, y todas las había despreciado: allí estaban muertas de risa, guardadas en el armario de los juguetes. En ese momento entró la niña. Era menuda, pálida, morena con bellos ojos oscuros.
“¿Qué es eso preguntó?” inmediatamente, mirando al objeto que su madre tenía en la mano. “Es una muñeca muy antigua, cariño. La encontró papá en el trabajo. ¿Te gusta?”.
Alma se la quedó mirando con prevención, como si fuera un animal extraño. Luego alargó la mano para tocarla, y le pasó los dedos por la tosca cabeza y los hombros.
” Sí me gusta- dijo-. ¿ Me la puedo llevar a la cama?”. “Claro que sí, cariño.”
Joan se alegró. A veces le había preocupado la indiferencia de su hija hacia las muñecas. Cuando ella era niña, sus muñecas habían sido su familia muy querida.
De modo que esa noche Alma llevó la muñeca a la cama, y Alan y Joan comentaban riendo que su hija , que despreciaba sus muñecas bonitas, pintadas a lo moderno, se hubiera dejado conquistar por aquella cosa rara de palo nada más verla. Le puso el nombre de Rosalind.
Menos gracia les hizo a sus padres observar en las semanas siguientes que Alma, que llevaba consigo su muñeca a todas partes, se mostraba nerviosa y resevada por el día, y a veces tenía pesadillas por la noche. Fue Joan la primera en relacionar el cambio de Alma con la muñeca.
“Es extraño eso de que no pueda estar sin ella- dijo a Alan-. Y no me gusta que se empeñe en llevársela a la cama.”
” Tonterias- dijo Alan-. ¿Qué niño no ha tenido alguna época de llevarse un juguete a la cama?”. ” Un osito, o una muñeca bonita, quizá – dijo Joan-pero esa cosa… Me está empezando a dar grima.”
Y estaban en esa conversación, por la noche , cuando Alma empezó a gritar. Joan corrió a su cuarto. Alma decía entre sollozos:
” Ha sido sin querer, no me hagas más daño. ¡Ya, ya”. Hablaba en sueños. Joan la despertó. Le acarició el pelo y dijo: “No pasa nada cariño”. Alma se calmó sin despertarse. Alan había acudido también. Joan le susurró :” Voy a quitarle la muñeca”.
Y apartando con mucho cuidado la ropa de la cama vio que Alma sujetabas la muñeca con las dos manos y trató de quitársela. La niña dió un grito y dijo:
“¡No, no; haré lo que quieras si me la dejas; estaré una semana sin comer, lo prometo!”.” Déjasela, por Dios” dijo Alan. Así que Joan renunció a la muñeca y volvió a tapar a su hija. Alma se apaciguó, y cuando la vieron dormir tranquila sus padres salieron de puntillas.
“¿Qué hacemos ?” preguntó Joan a su marido. ” habrá sido una pesadilla infantil”. “Pero tiene algo que ver con esa maldita muñeca. Tenemos que averiguar más cosas sobre ella; saber de dónde ha salido…”Ya sabes de dónde ha salido.” “Hay que encontrar a alguien que entienda de muñecas antiguas”.
No era fácil, pero en un artículo de una revista leyeron que una tal señorita Letherington, que se definía como “plangonóloga”, coleccionaba muñecas por afición y sabía mucho del tema. Así que Alan escribió a la señorita Letherington a la revista pidiendole su dirección y permiso para ir a visitarla. La respuesta fue un garabato casi ilegible, pero sí daba la dirección, y allá se encaminó Alan llevando consigo la muñeca.
El secuestro no había sido fácil, y le había hecho sentirse culpable: había tenido que esperar a que Alma dejara a Rosalind un instante sobre una silla y volviera la espalda, y entonces salir corriendo con la muñeca, dejando a Joan la tarea de consolar a su hija.
La señorita Letheringtton vivía en un cuarto de estar dormitorio lleno de muñecas. Las tenía de todas las nacionalidades, edades y atuendos, hacinadas sobre la cama, en las estanterías, sobre los sillones y por el suelo. Ella misma era una especie de muñeca, bien hecha y con la cara sin expresión.
“Pase, pase -dijo a Alan- pero no moleste a mis nenas.” Sus nenas le miraban impávidas, con ojos de cristal o cuencas vacías.
”Gracias por su carta – dijo la señorita Letherington-. ¿Me trae usted otra nena para mi colección?”.” No, lo lamento – dijo Alan- Vengo a pedirle consejo. ¿Quiere usted mirar esta muñeca y decirme lo que pueda sobre ella?” Y le tendió a Rosalind. La mujer la tomó en sus manos con la misma delicadeza con que habría tomado a una niña viva…
(Continuará…)
…Cuando el rey de Francia Louis -Philippe 1846 decidió hacerle un regalo a la joven princesa Victoria- Adelaida de Inglaterra, eligió una suntuosa muñeca sobre la que nos informa un artículo de prensa del 14 de febrero de 1846.
” Se trata de una muñeca de muelles, con cuatro vestidos : uno de mañana, uno de tarde y dos para el baile. Su ajuar comprende vestidos de gasa, enaguas bordadas, echarpes, medias de seda, zapatos de raso, plumas, un cachemir de la India, gorros, corsés. Dentro de un estuche van preciosas joyas, pulseras, collares…. con que impresionar todas cabezas británicas”. La Cámara de Comercio de París indica “las obreras parisienses no tienen rival en lo de vestir muñecas. Al confeccionar estos vestidos plisados con tanta coquetería, la encargada de vestirlas no es sólo una excelente costurera o modista, sino que manifiesta su buen gusto en la elección de los tejidos y el contraste de sus colores.
De ahí que se enviaran a menudo al extranjero como patrones de moda, así se convierten en un accesorio indispensable en todas las exposiciones de novedades en la confección, y llegó a suceder que, por falta de muñecas algunos negociantes comprometieran la inversión de sus envios. La vestimenta de las muñecas francesas rebasó nuestras fronteras, sigue diciendo nuestro historiador, se las envia a otros paises para difundir nuestras modas.
Emile Jumeau nació en un mundo de muñecas en 1843 . Se convertiría en el fabricante nacional más hábil y conocido del siglo XIX; su padre Pierre- Francoise Jumeau instalado en el 18 de la calle Mauconseil de Paris, trabaja solo, su trayectoría esta llena de éxitos y de premios …en 1878 obtiene la medalla de oro en la Exposición Universal de París.
Su hijo Emile Jumeau debido a la muerte prematura, de su hermano mayor George, deja su pasión, la arquitectura, para dedicarse al negocio de la familia, las muñecas. Reconstruye y amplia la fábrica de Montreuil-sous -Bois, pequeña ciudad cerca de París, desarrolla un método de trabajo que cambia la producción diaria, y según cifras facilitadas por el mismo Jumeau, en 1897 la producción está cerca de los 3 millones de muñecas de diferentes tamaños y razas. Su manufactura de bebés produce todo lo necesario para la realización de estos juguetes? : porcelana, ojos de cristal, pelucas, cajas, zapatos cajas para embalaje, absolutamente ..todo. Su mujer Ernestine, se ocupa de los vestidos.
Cada temporada crean una nueva colección , que es la reproducción en modelo, a escala reducida de los vestidos de niños; la indumentaria de estos bebés es la más rica del mundo. En 1899 se retiran del negocio, sus hijas no les sucedieron. La Casa se convirtió en una de las filiales de la Sociedad Francesa de Bebés y Juguetes.
Jule Nicolas Steiner fabrica en 1855 el bebé articulado copiado por todos los fabricantes franceses y extranjeros, inventor de un sistema de movilidad de ojos en las cabezas de los bebés y muñecas que permite colocar sus cabezas sobre todos los modelos- 150 modelos y 4 fisonomias .
Steiner fabrica modelos caros, baratos, pequeños y grandes y sobre algunos fabricantes un 50% más barato.
Consigue 22 diplomas en treinta y cuatro años de trabajo y en 1889 obtiene la medalla de oro en la Exposición Universal.
León Casimir Bru es un astuto fabricante instalado en el barrio Saint- Martin de París, calle Saint- Denis, alli creará muñecas y bebés que maravillaran a las niñas y haran las delicias de futuros coleccionistas .
En 1870 Bru menciona en su propaganda.”Las muñecas vestidas inamovibles y las que se pueden desvestir, modelos antiguos, alta novedad, cabezas de muñecas de todas las clases, especialidades en muñecas nuevas, géneros completamente inéditos y exclusivos de caucho endurecido, madera esculpida, articulada por todas las partes, talle, pies y manos.
Muñecas con dos caras, muñecas con piel extrafina (todos los modelos exclusivos y patentados).También consigue su medalla de oro.
Con fabricantes como Jumeau, Steiner yBru, tenemos una visión de la extraordinaria producción de muñecas durante la segunda mitad del siglo XIX . Numerosos creadores, costureras, modistos y los más diversos artesanos contribuyeron a hacer de París el centro de difusión de los juguetes más elegantes.
Las muñecas siempre fueron embajadoras de la moda francesa. Su vida es extraña. De las manos de las niñas, de los desvanes donde luego se las recluyó, han bajado hasta las vitrinas de los museos o de los coleccionistas………..Desde allí nos siguen mirando, sin dejarnos nunca indiferentes.
Personalmente bastantes cosas de las comentadas pueden convertirse en tema de pelicula de miedo. Algunos detalles a mi parecer son de pesadilla si se insiste en ellos….. Y siguiendo estas presencias tan inquietantes como las miradas vidriosas de estas muñecas en este próximo capítulo …un cuento… de muñecas, por supuesto.
Erase una vez… de esta forma comenzaban cuando yo era pequeña, los cuentos. Esto que voy a contarles es verdad, está documentado, pero seguramente la mayor parte de los padres que han regalado a sus hijas una muñeca (entre los cuales hasta hoy, yo me incluia) no se han preguntado nunca, cómo fueron las más lujosas y cúal fue el comienzo de ese juguete misterioso y burlón que fue partir del siglo XVIII el origen y sigue siendo, de grandes empresas y negocios.
Particularmente nunca me llamaron especialmente la atención, es más no me gustaban , su presencia me inquietaba, su aspecto, sus maquillajes, sus coloretes… , la verdad me daban un poco de miedo, desconfianza, no sé algo raro; las muñecas de antes pareciera que tenían vida… y puede tener explicación porque , y en estos días me he enterado, de que algunos muñecas se hicieron basandose en personitas niños -niñas que sirvieron de modelos a los artesanos escultores o pintores, para hacer sus cabezas, caritas, sus ojos, sus expresiones que luego aparecian de porcelana o de biscuit. Me sigue dando escalofrios el pensarlo. Nada tienen que ver con las de ahora. Antaño musas inquietantes de los sueños de niñas con miriñaque.
Buscando cierta información ha llegado a mis manos una, que quiero que conozcais, y ya sin más demoras comienzo por contarles, de una manera amplia y quizás más extensa de lo que hubiera debido, el origen fascinante e inquietante, de las muñecas del siglo XIX.
Su historia comienza cuando nace el primer niño, y conocen su edad de oro en la segunda mitad del siglo XIX. Un extraño personaje, coleccionista, historiador y especialista francés en muñecas nos cuenta de ellas, nos dice………por las noches, suben la estrecha escalera de caracol de mi antigua casa cuyos peldaños de viejo roble gimen, y se acercan a hablarme.
Instaladas sobre el sofá de terciopelo rojo se interrogan y arrellanan. Sus grandes ojos fijos miran a jarrones, retratos, montones de libros…. Este desorden es propicio a las confidencias. “Debéis saber que nuestros admiradores son muy exigentes acerca de nuestro estado civil.
Para ser bien nacidas es preciso que hayamos visto el día en París y, en particular, en un barrio que está dentro de un gran cuadrilátero jalonado al sur de la ciudad por la calle Saint- Merri, al oeste por la calle Montorgueil, al este por la calle Saint- Louis y al norte por el boulevard Saint Denis” .
Las muñecas siempre fueron la preocupación de hombres serios y de honorables señoritas, continua contando, quienes contribuyeron a la realización de una perfección y un refinamiento casi diabólicos. Desde 1824, las muñecas hablan.
El primer acontecimiento notable se situa en París . Un mecánico, e inventor alemán, Jean Maelzel (1772-1838), tuvo la ingeniosa idea de patentar un invento que permitia a la muñeca articular “Papá- Mamá”,era complejo el mecanismo pero emitia un ruido que, con muy buena voluntad nuestros antepasados identificaron como “papa-mamá.
Setenta y nueve años más tarde, relata nuestro aficionado a estas lujosas señoritas, un francés en 1893 Henri Lioret (1848-1938), que era relojero además de inventor, concibe un pequeño fonógrafo que cabe en el abdomen de un Bebé muñeco, que permitia oir el parloteo de treinta cinco palabras en francés, ingles, italiano, español y turco (¡vamos menuda conversación !Al señor Jean le hubiera dado un infarto si escucha esta conversación políglota!.)
En aquel final de siglo, continúa nuestro experto coleccionista, escuchar una voz humana grabada era una curiosidad y un privilegio poco corrientes. Que una muñeca pudiera mantener un largo monólogo y ponerse a cantar parecía poco verosimil.
Las hazañas y proezas de las muñecas en aquel siglo XIX, van a sorprender incluso a asombrar y ya no se detendrán. .
Después de haber hablado, la muñeca da unos pasos a partir de 1826. En 1873, se ejercita en el baile. Monsieur Vincent pide una patente para un juguete llamado “Muñeca que baila el vals., y en 1876 Monsieur Elie Martin fabrica la muñeca que se tira al agua y nada.
Puede leerse en la prensa de la época : Todo el mundo se apiña en torno al estanque donde unas muñecas vestidas en traje de baño nadan, haciendo con pies y manos todos los movimientos que enseñan los maestros de natación , y es una maravilla ver sus juegos y su cabellera rubia mojada……El 3 de octubre de 1876 Monsieur Casimir Bru pide una patente para un bebé que toma biberón.
Desde siempre, las modistas crearon para las muñecas modelos de vestidos capaces de dar envidia, a la más mimada de las coquetas acomodadas. Hubo corseteras que se afanaron cosiendo tejidos, zapateros que les hicieron botines de tacón que ponian en peligro su equilibrio. Los joyeros impertinentes y diademas de coral o de perlas.
Algunos relojeros inventaron para ellas relojes que jamás marcaron el tiempo que pasa…realizaron collares de rubies o granates, se aplicaron en la confección de libros de misa de marfil, peines de concha y botones de hueso. Les hicieron maletas y bolsas de cuero, paraguas y sombrillas. Trabajaron en estos trabajos los gremios más diversos.
Todos los paises prestaron una atención particular a lo que París producía en materia de muñecas.

















