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…….Trifari (viene del post anterior) se las ingenia y recurre a su extraordinaria habilidad para crear con materias pobres y piedras falsas unas joyas bellísimas y originales. De su taller salen pendientes, broches, collares, estupendos aderezos que nada tienen que envidiar a las joyas auténticas pero que cuestan infinitamente menos. La actividad continúa y se afianza cada vez más : estamos ya en los años Cuarenta y la moda se apropia estas joyas. Las mujeres, que visten rígidos trajes sastre sacados a veces de las chaquetas de los maridos en guerra, para embellecerlos clavan en la solapa broches de fantasía que de noche brillan como los de veras.
En Hollywod, también el mundo del cine recurre de buen grado a estas creaciones que tan bien se ajustan a las películas en blanco y negro donde las divinas Greta Garbo, Joan Crawford, Marlene Dietrich y Bette Davis se las ponen en sus trajes de escena como que fueran auténticas. De ahí toman el nombre de costume jewelry o sea joyas para disfraces (aunque en el origen de esta definición se cita a menudo una frase de Coco Chanel: “Je fais des bijoux pour mes costumes“, (“Hago joyas para mis trajes”). En ese mismo período se dispone de gran cantidad de piedras llegadas con los refugiados de Bohemia, tan hermosas que parecen de veras, que se adaptan a las mil maravillas a la elaboración y el engaste.
Los nombres de Eisenberg y Weiss vienen a unirse a los de los artesanos italianos y franceses: brillan y centellean sus piedras ….otros expertos orfebres siguen el ejemplo de Trifari.
Son artesanos de distintas nacionalidades, y tan orgullosos de sus creaciones que firman incluso sus joyas como se firman las de veras, con su número de patente y su marca registrada en Washington.
Los talleres se encuentran en Providence, en Rhode Island, y abastecen a toda América de copias de joyas que parecen de Cartier y de Van Cleef &Arpels, y de imitaciones de la coronas de la realeza inglesa. Las fashión jewels siguen las modas……
Mientras tanto la guerra termina , llega el dinero y las joyas de fantasía quedan relegadas a un cajón o dentro de una caja de baratijas. Ha terminado una época : Llegan a los Estados Unidos otros italianos, turistas exquisitos y de gustos refinados , que los domingos deambulan por los mercados callejeros y descubren en los puestos esas joyas falsas.
El redescubrimiento de estas pequeñas obras maestras del pasado se debe, pues, a los italianos, que tienen buen ojo para discernir entre la pacotilla de un chamarilero lo que pronto se pondrá de moda. A comienzos de los años Setenta compran por unos cuantos dólares aquellas joyas acabadas tristemente en el mercadillo, las llevan a Italia y se las ponen como si fueran auténticas. Llevadas con estilo y elegancia y mezcladas con las auténticas, las joyas de fantasía firmadas por Trifari, Coro, De Rosa, reviven su antiguo esplendor.
Es un verdadero salvamento de una cultura ya olvidada; pero el juego no dura mucho, se corre la voz, la moda hace furor, la demanda aumenta y aumentan los precios. Hoy las joyas de fantasía son difíciles de encontrar, algunas piezas han desaparecido incluso del mercado y sólo se encuentran en anticuarios, donde a veces cuestan más que las auténticas ……. ¿Será esa su revancha?
Hemos encontrado un artículo que se publicó en una revista de Arte editada por Franco Maria Ricci, en la cual hace un relato documentado y veraz de las modificaciones que se producen en el mundo de la orfebrería desde los años veinte hasta los años setenta. Nos ha parecido interesante editarlo en nuestro blog, tanto por la época de la que se trata, como por su trascendencia posterior en la moda en general.
El fenómeno de las joyas de fantasía, que hunde sus raíces en el siglo pasado, llegó a su auge durante la Gran Depresión (1929-1939), tocando los campos más dispares de la cultura a la moda. Son joyas nacidas de la fantasía entendida como libertad de expresión, como imitación de lo auténtico. En 1929, al iniciarse justamente la Gran Depresión, lo falso se transforma en una salida para quienes trabajan en la orfebrería. A partir de entonces muchas joyas americanas serán más comerciales, ciertamente, pero el resultado visual, cualitativo y artístico, no desmerece en nada, gracias a la habilidad y la creatividad de los orfebres, de las alhajas más valiosas.
Las joyas “no auténticas” se enmarcaban en lineas generales en tres categorías: las estrechamente ligadas con la imitación de las de veras; los típicos bijoux de moda destinados a los trajes de firma y dirigidos a una clientela medio-alta; y por fin las novedades orientadas al consumo más corriente y por lo tanto más extravagantes, divertidas y baratas. El hecho de que los Estados Unidos por aquellos años hubiera bloqueado las importaciones de artículos considerados de lujo, contribuyó también a que se entendiera que el proceso creativo de un traje podía centrar toda su atención en una hebilla, un broche o en unos botones de fantasía. Un artículo de “Life” de enero de 1938 sobre estas joyas afirma:
“En el boom de los años Veinte fueron notables las ventas de estas joyas, pero nunca se habían vendido tantas piezas como en la actual temporada. Los productores se alegran mucho, cuando los trajes de moda son sencillos. En agosto, en las colecciones de París, los expertos y los comerciantes de bisutería saltaron de gozo al ver vestidos con desnudos escotes en V y mangas cortas, generalmente sin botones ni cuellos complicados o volantes. No es un azar que Schiaparelli y Chanel hayan llamado a sus colecciones jewelry dresses (trajes para joyas )”.
El artesano que con gran habilidad manual produce estos objetos- joya con la finalidad práctica de satisfacer la demanda del mercado se convierte en un creador, con la independencia del valor intrínseco de lo que produce. Este es el caso de Gustavo Trifari.
Nacido en Nápoles en 1883, empieza a ocuparse de diseñar y producir joyas en el taller de su abuelo Luigi, para después marchar a América en busca de fortuna. Tras haber trabajado unos años en Nueva York como diseñador asalariado, y después en sociedad con un tío suyo funda una empresa propia cuyo éxito coincide con la llegada de la Gran Depresión.
He estado leyendo últimamente sobre Egipto, por el tema político (obviamente), y por la joyería antigua del Imperio Medio y Bajo y he encontrado cosas muy interesantes.
¿Sabíais que en el antiguo Egipto la plata era más valorada que el oro? Motivo: había que importarla y por ello alcanzaba un precio superior al oro, que era muy abundante.
La mayoría del oro utilizado se encontraba en territorio nacional. Los principales yacimientos estaban situados en los desiertos montañosos del sur y sudeste de Egipto, en el Uadi Hammamat y en Nubia. La plata fue mucho más preciada hasta el Reino Medio, época en que comienzan a llegar las primeras importaciones de Asia. Toda la plata encontrada del Imperio Antiguo y Imperio Medio tiene una alta proporción de oro en su composición variando desde a un 3,8 a un 9 por ciento.
Egipto carecía de moneda, se pagaba con sacos de grano o de cobre y en la vida cotidiana se utilizaba el trueque valorado en unidades estándar como forma de pago:
- Khar: 65 kg. de grano
- Deben: 90 gr. de cobre
- Shat: 7 gr. de oro
- Seniu: 9 gr. de plata
El salario de un artesano era de 5’5 sacos (un saco equivalía a 65 kg) de grano al mes, más o menos 11 deben, y si un litro de aceite o un cuchillo costaban uno ó dos deben, sillas o camas llegaban a los 20, y un sarcófago podía oscilar entre 25 y 200, por lo que hacían encargos particulares fuera de horas.
La estricta maquinaria estatal, que intervenía en todos los asuntos, y el almacenamiento de excedentes impidió que se aplicaran las leyes de la oferta y la demanda, evitando diferencias de precios y consiguiendo 30 siglos sin inflación.
¿Os imagináis la economía actual regida por estas políticas económicas? Me ha dado mucho que pensar. Visto lo visto igual los sistemas de trueques no están tan mal…

















